lunes, 11 de enero de 2010

El Cristo de la fe y el misterio pagano








El tema que traigo a vuestra consideración no es algo nuevo. Me parece que desde el clásico de Alfred Loisy, “Los Misterios Paganos y El Misterio Cristiano”, el asunto ha sido profundamente investigado, aunque jamás acabado. Sin embargo, en esta ocasión, lo que me mueve a tratar la cuestión, es la relación casi directa que puede tener la concepción del Cristo de la fe (sobre todo en la teología paulina) y el tema de la salvación en los misterios paganos. Se trata, claro está, de un ligero acercamiento sobre los estudios que pueden haberse realizado al respecto. De modo que no se debe esperar un estudio a fondo sobre la materia, asunto que no puede despacharse en unas pocas páginas.

Un análisis del contexto histórico es de profunda ayuda, en el sentido que el lector menos avisado pueda comprender él porque del profundo interés soteriológico de las sociedades mediterráneas pos alejandrinas. Desde esta perspectiva, es posible entender un poco las inquietudes religioso- existenciales de estas personas. En consecuencia, será de mayor claridad para nosotros, el sentido y necesidad que tenia, un salvador en las antiguas religiones nacionales. De ese modo se aprecia más claramente, la manera en que se dispuso el camino para el triunfo del cristianismo en el mundo antiguo.

Después de las invasiones de Alejandro Magno, los países orientales sintieron la fuerza cultural arrolladora del helenismo, razón por la cual, comunidades enteras dedicaron sus esfuerzos a resaltar los valores individuales de sus sociedades. En ese contexto, todas las religiones orientales y occidentales entran en una especie de dialéctica, que daría como consecuencia, varios sistemas sincréticos de reconocido valor histórico. La tolerancia religiosa era una de las aspiraciones de Alejandro Magno dentro de su soñado “nuevo orden”. Y aunque el joven conquistador lograra en parte sus sueños, la realidad mostraba grupos de individuos con grandes inquietudes de orden salvífico. Las guerras, las hambrunas y las enfermedades arrasaban con poblaciones enteras a pesar de que estos pueblos cumplían fielmente con sus sacrificios y ofrendas. Surgen entonces, los misterios religiosos, que daban conocimientos privilegiados a todos los iniciados en su comunidad. La finalidad de estos misterios seria de orden soteriológico. La salvación era entendida desde entonces como el logro de la inmortalidad del alma, lograda por medio de los misterios sagrados.

Dentro de la religión de misterio, cada individuo iniciado, debía atravesar por el rito del dios. Este ritual se basaba en el mito de la muerte y resurrección de la deidad. La expiración del dios era repetida con el propósito de que los iniciados se hicieran participes de dicha muerte y resurrección. Los misterios de Dionisos constituyen un ejemplo claro de este tipo de ritos, donde un animal joven era despedazado y devorado vivo por los mediadores. De este modo, se repetía el mito, en el que los titanes devoran el cuerpo palpitante de Dionisos, quien resucitaría victorioso posteriormente. Lo mismo podía decirse de los misterios de Eleusis, Osiris y Core, entre otros.

En cuanto al Cristo de la fe, predicado por Pablo en sus epístolas, debe aceptarse que existe un claro paralelismo con las religiones esotéricas no nacionales. Los misterios paganos parten de un mito en el que se narra la muerte y resurrección de la deidad. En Cristo se repite el suceso, solo que en este caso, la muerte ocurrió realmente y puede constatarse históricamente. Dionisos no existió realmente, mucho menos los titanes, por lo que se cataloga esta tradición como mito. En el caso de Cristo, su resurrección puede clasificarse como mito, debido a que es difícil corroborar el hecho como un evento histórico. En todo caso, los testimonios de los evangelios y otros documentos relacionados, están dentro del contexto de proclamación de la fe de la iglesia primitiva. Este particular no podemos discutirlo aquí, debido a que no responde al tema, además que toca un aspecto tan sensible como la fe, que de ningún modo puede ponerse entre dicho.

Por otra parte, puede apreciarse como Pablo convierte el movimiento del Jesús histórico en una religión de misterio. Originalmente (por lo poco que se conoce del Jesús histórico) el maestro de Galilea había proclamado el reino desde una perspectiva mesiánica, basada en su persona. Su proclamación implicaba realidades sociales y políticas, aparte del gran contexto religioso en el que se implicaban estas realidades mencionadas. En los años posteriores a la muerte violenta de Jesús, surge la necesidad de articular el nuevo movimiento religioso, a un contexto distinto del que nació. La mayor parte de las comunidades a las que Pablo predicaba, tenían un alto sentido soteriológico y mistérico de la religión. El mensaje de Pablo engloba la religión judía además de todas las religiones del orbe. Cristo es la única respuesta a las inquietudes soteriológicas de todos los seres humanos, desde la perspectiva de Pablo y los nuevos creyentes. De esa manera, el mensaje cristiano tenía sentido para muchos ciudadanos del imperio romano. Al plantearse la necesidad de una salvación, los interpelados no preguntarían desconcertados: ¿“salvación de que”?, pues, tenían claro que se salvarían de la muerte.



Además, así como en los cultos mistéricos, los creyentes participan de la muerte de Cristo a través del bautismo y resucitan a una vida nueva inserta totalmente en su persona, lo mismo que ocurría en los rituales de misterio. La eucaristía anuncia y repite la muerte de Cristo, acto que hace a los creyentes, participes del cuerpo y la sangre del salvador. En términos generales, podemos ver la necesidad de estos elementos culticos presentes en los misterios paganos. Realidad esta que prepara el medio para una predicación similar en un contexto religioso particular.